Historia: orígenes

La cuenca del Barbadún es durante el Paleolítico Superior el territorio de explotación de un grupo humano que vivía de la caza y la recolección y tenía su campamento base en la cueva de Arenaza.
Los  restos más antiguos hallados en Muskiz pertenecen a un período muy posterior, denominado Eneolítico-Bronce, y que se remontan a finales del IV-III milenio a.C. En este momento, aunque sigue practicando la caza y la recolección, el hombre es capaz de producir sus propios alimentos gracias a la agricultura y a la ganadería. Los grupos humanos vivían al aire libre, en poblados, como el que se encuentra en Ilso Betaio (Sopuerta-Arcentales). El culto  a los muertos de la comunidad nos ha dejado construcciones funerarias al aire libre (dólmenes y túmulos, sobre todo en zonas de montaña) e inhumaciones en cuevas. De momento, en Muskiz no hemos encontrado esta dualidad de ritos funerarios (la desembocadura del Barbadún es representativa del fenómeno sepulcral en cuevas, pero la estación doménica más cercana es la de Alen- Sopuerta). Un yacimiento muy representativo del fenómeno sepulcral en cuevas es Pico Ramos. En esta cueva de reducidas dimensiones se han recuperado gran cantidad de restos humanos acompañados de objetos materiales.

A comienzos del I milenio a.C. llegan al País Vasco grupos humanos indoeuropeos portadores de una cultura diferente, más evolucionada. Propagan nuevos ritos funerarios (la incineración), difunden innovaciones tecnológicas (la metalurgia del hierro y la cerámica a torno) y establecen sus poblados sobre cerros y altozanos que protegen mediante un cerco de piedras (castros). Estos grupos practican una economía mixta de subsistencia, insuficiente a veces para alimentar a toda la comunidad. Con la llegada de las tropas romanas a la península y sobretodo por las guerras cántabras (s.I a.C.) se difunden noticias sobre los pobladores de la cornisa cantábrica. Estrabón dio noticia sobre el modo de vida de estas tribus y por primera vez se les asignó un nombre. El grupo asentado entre los ríos Asón y Nervión, territorio que engloba a Muskiz, es el de los Autrigones.

En los comienzos de la era actual Roma desarrolló su política colonial de las Encartaciones por el deseo de los emperadores Flavios y Antoninos de extender su ámbito de influencia a las zonas marginales del imperio. En Castro Urdiales fundaron la colonia de Flaviobriga y probablemente aprovecharon los filones de hierro del valle de Somorrostro. La mención que en el s. I s.C. hace Plinio de una montaña de hierro en la región cantábrica tal vez haga alusión a los montes de Triano. Además, una importante vía de comunicación atravesaba las Encartaciones enlazando Flaviobriga con Pisoraca (Herrera de Pisuerga, Palencia).

Hasta el s. IX hay un gran vacío documental. En la crónica de Alfonso III, c. 880, se informa que su antecesor Alfonso I repobló Carranza y Sopuerta. El primer documento escrito en el que se cita al valle de Somorrostro, del que Muskiz es sólo una parte, está fechado en 1068. Al parecer el proceso de aculturación romano no llegó a cambiar los usos y las costumbres de la población indígena gentilicia, que siguió explotando los recursos agrícolas y ganaderos de unos dominios mal definidos territorialmente.

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