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Entre los siglos IX-XIV se producen grandes transformaciones: asimilación del cristianismo, aparición de la casa-torre como centro de poder que sustituirá a la iglesia propia, diversificación económica (hierro y comercio), apropiación del espacio en detrimento de los terrenos comunales, ruptura de la sociedad gentilicia y aumento de las desigualdades sociales entre los grupos de población y reorganización del poblamiento con la aparición de nuevas entidades: la villa, la barriada y el caserío.

Con la difusión del cristianismo aparece un nuevo elemento de referencia económico y social: la iglesia. Las iglesias se generalizan a partir del s. XI y entre las más antiguas de la zona hay que señalar las de Santa Mª de Pobeña y la de la Cerrada de Ranes, en Cardeo. Estos templos presentaban una arquitectura muy sencilla y eran de pequeñas proporciones. En su entorno se acotaba un espacio para enterrar a los miembros de la comunidad. Aunque el rito funerario es el cristiano, perviven ritos precristianos de protección y culto a los muertos. La iglesia es también un centro económico, ya que gracias a los diezmos conseguía los escasos excedentes generados por la actividad agropecuaria. Eran de propiedad particular y como cualquier otro bien patrimonial podían ser vendidas, donadas, etc. Sus propietarios detentaban ciertos derechos sobre el resto de los vecinos. Santa Mª de Pobeña era propiedad de Doña Elo Bellacoz y contaba con pastizales, árboles frutales y un puerto, dato que denota cierta actividad marítima. En el s. XIII Diego López de Haro, el bueno, señor de Bizkaia, donará a Sancho Ortiz Marroquín de Montehermoso varias iglesias del valle de Somorrostro, entre ellas las de San Julián, por sus servicios en las Navas de Tolosa.

En el s. XIV se inicia una etapa de crisis económica; la nobleza intentó por todos los medios que sus rentas no disminuyesen y así disputaron entre ellos el “valer más”, es decir, poseer más rentas, riquezas y beneficios. Gracias a Lope Garcia de Salazar tenemos información sobre los acontecimientos de la Bizkaia bajomedieval pues en su libro “Bienandanzas e Fortunas” se recogen los hechos más destacados de aquellos conflictos entre bandos. La familia Salazar, a la que pertenecía el cronista, detentó el control del valle de Somorrostro desde su fortaleza de Muñatones. Esta familia se estableció en Muskiz al emparentar, hacia 1256, con la de Muñatones. Al igual que otros parientes mayores, esta familia era propietaria de tierras y hombres, gozaba de rentas, disfrutaba de exención tributaria y sometía a su autoridad a los habitantes de la zona de influencia.

En los lugares estratégicos (vías de comunicación, puertos…) y vinculadas casi siempre a ermitas, ferrerías y molinos se construyeron durante este período numerosas casas torre, reflejo de la gran inestabilidad social de este momento. La proliferación de torres en Muskiz está determinada por el asentamiento de los Salazar en Muñatones, quienes, controlando el territorio desde su solar, instalan a sus parientes en los diferentes barrios del municipio: Pobeña, Montaño, Memerea, San Julián, Santelices, La Rigada. Estas casas torre eran auténticos centros de explotación y administración de los recursos del entorno. La construcción más significativa de aquel período es el castillo de Muñatones.

Para el siglo XIV ya existe una entidad territorial que se llama San Julián de Musques, tal y como refleja Lope de Salazar al hablar del reparto de los montes del valle de Somorrostro. Este valle englobaba a dos de las diez Repúblicas que formaban las Encartaciones de Bizkaia, con órgano de Gobierno en la Junta de la Avellaneda. Eran los tres Concejos (Santurtzi, Sestao y San Salvador del Valle) y los Cuatro Concejos donde además de Muskiz estaban Ziérbena, San Pedro y Santa Juliana de Abanto. Estos siete Concejos junto con la villa de Portugalete forman el valle de Somorrostro. Las dos Repúblicas tenían delimitadas sus jurisdicciones y disponían de un territorio (de gran riqueza en hierro, pastos y bosque) los “Montes Altos de Triano”, explotados y administrados por los siete en común.