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Dos son los acontecimientos más relevantes del siglo XIX en la historia de Muskiz: el desarrollo de las guerras carlistas, con los consiguientes cambios administrativos y jurídicos, y el "boom" minero que cambió por completo la fisonomía de nuestro pueblo. A la victoria de los liberales en la primera guerra carlista le sucedieron una serie de cambios en la legislación que afectaron a la administración del valle de Somorrostro. Así, en 1841 se promulgó la "Ley de Ayuntamientos del Reino" que supuso la constitución de nuevos ayuntamientos en los anteriores concejos del valle, surgiendo el de San Julián de Musques. La inestabilidad política del estado desencadenó una nueva guerra a partir de 1873. Muskiz y Abanto fueron escenario de grandes batallas pues tanto carlistas como liberales consideraban su control fundamental para dominar Bilbao. Hasta tres veces se enfrentaron las tropas entre sí en lo que se conocen como las batallas de Somorrostro. La población civil sufrió los embates de la guerra, pues entre otras acciones se decidió el bombardeo de San Juan. La Proclama de Somorrostro (13-III-1876) preconizó la nueva unidad constitucional del estado español (fijada en la Constitución de Junio de ese año) y supuso la abolición del foralismo vasco.

La presencia del mineral de hierro en nuestros montes ha sido decisiva en nuestro desarrollo histórico, y si ya desde la edad media fue una actividad importante, con la segunda mitad del siglo XIX podemos hablar de un antes y un después en la vida de Muskiz. Hasta mediados del XIX la propiedad de las minas era comunal, siendo los naturales de la encartación libres de arrancar mineral donde y cuando quisiesen, siempre que no perjudicasen a un tercero. Este marco legislativo propició la multiplicación de explotaciones, que eran abandonadas cuando surgían las primeras dificultades de extracción. Por proximidad geográfica y privilegios la extracción de hierro era realizada sobre todo por los vecinos de los siete concejos de Somorrostro.

La abolición foral permitiendo la extracción y exportación del hierro en bruto, la localización geográfica del mineral, que favorecía su transporte por mar, y los adelantos técnicos favorecieron el desarrollo de una explotación intensa de las minas. Los capitales autóctonos y foráneos confluyen en busca de un alto y rápido beneficio. En 1859 se registra la primera mina en nuestro pueblo, y a partir de 1868 cuatro más. Muskiz, con Bilbao, cuenta con el mayor número de propietarios extranjeros (Alfred Edwards, Triano Iron Ore, Mac Lennan, etc). Paralelamente al cambio de legislación y apropiación de las minas Muskiz fue transformándose: se construyen ferrocarriles, planos inclinados, lavaderos de mineral, tranvías aéreos… obras encaminadas a facilitar el transporte del mineral.

La intensificación de la explotación minera, sobre todo desde finales de las guerras carlistas, generó una intensa inmigración. El crecimiento desmesurado de la población, la falta de una infraestructura mínima, las pésimas condiciones higiénicas, las injustas condiciones laborales, etc. favorecieron la aparición de un descontento social que se canalizó y organizó a través de las organizaciones obreras y partidos políticos.