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El Meatzari Aretoa es el escenario elegido por Los Ciclos para el concierto que tendrá lugar este fin de semana, un homenaje de Muskiz a una de sus bandas más representativas. El primer grupo de rock, soul y rhythm and blues que actuó en las fiestas de San Juan se reúne 47 años después de otra de sus grandes citas: la inauguración de la sala de fiestas Río Club en Muskiz.

Ya no son todos los que formaron originariamente el grupo, por diversos avatares de la vida. Pero Los Ciclos, el mítico quinteto de la localidad minera que arrasaba en las verbenas y guateques de los años 70, va a recibir un merecido homenaje de su localidad natal este fin de semana. La cita con versiones de grandes éxitos de la época y composiciones propias es en el Meatzari Aretoa, a las 20 horas. 

Los Ciclos fue la primera banda que tocó en las fiestas de San Juan en Muskiz. Corría el año 69 y fueron los últimos en subir al que entonces era el escenario de las fiestas patronales: el kiosko de la plaza San Juan. Ese año les deparaba otra sorpresa: inauguraron la primera sala de fiestas de la localidad minera, el Río Club, donde posteriormente fueron asiduos actuando todos los fines de semana en sesiones de mañana y tarde, sábados y domingos.

Sus comienzos fueron similares a los de los grupos de principios de los 70: afianzaban sus directos en verbenas de barrio y salas de fiestas. Al principio, en Muskiz -su localidad natal- y alrededores. Pero, como su repertorio era muy ecléctico, pronto les requirieron de comunidades cercanas como Burgos. Las versiones de Los Beatles, Los Rolling, los hippies de moda como Mama’s and The papa’s o Beach Boys y los grupos españoles que causaban furor en la época (Los Brincos o Lone Star) les granjearon el éxito.
Los Ciclos comenzaron su andadura a finales de los años 60, apoyados por el padre de Fernando de Pablo, que era uno de los músicos de la Banda Municipal y les ayudó a aprender a tocar de oído porque los cinco componentes de la banda no tenían formación musical. Pero sí muchas ganas de aprender, así que se enrolaron en el orfeón de la iglesia para educar la voz.

Fueron costeando sus instrumentos, los amplificadores y las mesas de mezclas con lo que les pagaban por sus actuaciones, todas ellas en riguroso directo. Así que se podría decir que envidian las facilidades que tienen actualmente las bandas que comienzan en el mundo de la música.